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¿Qué nos da la Religión (que la ciencia no puede darnos)?

What If Religion and Science are One in the Same?

Puesto que es una práctica común en la ciencia evolutiva, Mercier y sus colegas hacen una distinción entre las causas finales y las próximas.

Causa final: En primer lugar, explica cómo evolucionó un comportamiento.

Causa próxima: describe las condiciones en las que se llevó a cabo ese comportamiento evolucionado.

Esto se ilustra con el siguiente ejemplo: los pájaros que vuelan hacia el sur durante el invierno. La causa final de la migración de las aves es la necesidad que tienen de reproducirse para su supervivencia y que por esta razón se trasladan estacionalmente a climas más cálidos donde la comida es abundante. Por el contrario, la causa próxima es la disminución de las horas de luz diurna, que sirve como indicador de que es tiempo de dirigirse hacia el sur.

Tener una creencia religiosa de algún tipo es una característica casi universal de la humanidad, por lo que es muy probable que exista una causa evolutiva fundamental que explique este hecho. Pero, al mismo tiempo, no todas las personas son religiosas y, además, los tipos de creencias que existen entre los religiosos varían ampliamente, de aquí la necesidad de comprender las causas inmediatas de esta variación. Los humanos de la era moderna aparecieron en escena hace aproximadamente un cuarto de millón de años, y hasta hace poco todos se dedicaban a la caza y a la recolección. En estas sociedades primitivas, los hombres cazaban, pescaban o buscaban carne, mientras que las mujeres recolectaban frutas, raíces y verduras. Vivían en pequeños grupos de alrededor de 100 a 150 personas porque esta era la mayor cantidad de población que el terreno circundante podría soportar.

Debido a que se pueden detectar agentes hipersensibles, también tendemos a inferir intencionalidad en procesos naturales u objetos inanimados. La creencia en espíritus acuáticos y espíritus del bosque, fantasmas, espíritus y demonios es antigua y se observa en todas las culturas del mundo. Debido a que el mundo natural es complejo y misterioso, reconocemos la libertad de elección que existe a nuestro alrededor.

Este tipo de pensamiento animista, es decir, la creencia de que el poder sobrenatural puede habitar el mundo e influir en los eventos, es una característica humana universal. Tal pensamiento es común entre los niños, y como adultos, nuestro pensamiento animista está conformado por las normas de nuestra cultura. Las creencias animistas también son comunes en las sociedades de cazadores.

Las creencias religiosas son de tres tipos:

– cognitivas.

– sociales.

– motivacionales.

Es decir:

Las creencias cognitivas se basan en un estilo de pensamiento analítico de conocimientos recibidos a traves de los sentidos. Se ha observado frecuentemente que las personas que actúan utilizando la razón en lugar de la intuición, creen menos en Dios. Se ha visto también que las personas con mayor inteligencia generalmente presentan una tendencia a representar creencias agnósticas o ateas.

En contraste, las creencias sociales estan determinadas por personas que tienen una alta “inteligencia emocional”, es decir, la capacidad de reconocer fácilmente las emociones y los motivos de los demás y, por ende, tienden a ser más religiosos. Por supuesto, es esta capacidad de “leer” las mentes de otros y saber que los seres humanos tienen la necesidad de creer en algo o en alguien, lo que provoca el surgimiento de las creencias religiosas practicadas por grandes núcleos de población, como en el caso de la creencia en la sabana Africana, hecho ocurrido hace cientos de miles de años.

Por su parte, las razones motivacionales, como su nombre lo indica, dependen de tener una razón, cuestión o circusntancia para dar lugar a la creencia religiosa. Por ejemplo, las personas que están socialmente aisladas tienden a tener más fé religiosa, lo que les permite sentir que no están realmente solas. Del mismo modo, las personas que enfrentan la muerte tienen más probabilidades de expresar su fé en Dios y en una vida futura. El viejo dicho de que no hay ateos en el campo de batalla es sin duda cierto en gran medida. Además, la fé en Dios aumenta cuando las situaciones se vuelven incontrolables, como en el caso de los desastres naturales. Creer que Dios conlleva un plan de ayuda para que las personas puedan, de alguna manera, recuperar cierto sentido de control, o al menos de aceptación.

Lo anterior se refleja en la reacción que tienen los habitantes de diferentes lugares del mundo ante las situaciones que se les presentan. Por ejemplo, los Estados Unidos, con su alto nivel de vida y alta religiosidad, son la excepción evidente. Sin embargo, como señalan Mercier y sus colegas, Japón y Europa occidental tienen atención médica universal y amplias redes de seguridad social, a diferencia de los Estados Unidos de Norteamerica. Los japoneses y los europeos saben que sus gobiernos acudirán en su ayuda en el momento en que lo necesiten. Pero las actitudes de laissez-faire (dejar pasar) de la sociedad estadounidense hacen que el futuro de las personas en este país sea menos seguro y entonces la creencia en un Dios benevolente pasa a ser más atractiva.

Aunque la mayoría de las personas en sociedades industrializadas han abandonado la religión organizada y tradicional, muchas de ellas aún profesan algún tipo de creencia espiritual, que les proporciona una fuerza vital o la existencia de un espíritu divino que impregna al mismo tiempo, la naturaleza y la humanidad, a medida que las sociedades se vuelven ricas e igualitarias.

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